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año 63 de la era ibañez

philémon y el mundo de las letras (ii)

 Desgraciadamente, Arthur cae en una fuente de absenta, de la que nadie ha conseguido salir jamás vivo, mientras Philemón y su compañero siguen volando, intentando esquivar en el cielo los bombardeos de los orejudos. El único recurso que le queda a Philémon es saltar a una de las muchas burbujas eructadas por el barco borracho. Gracias a ella, consigue aterrizar en el palacio, donde tiene lugar el gran cóctel, y donde se reencuentra con Anatole, aún aupado a la categoría de ministro. Ambos escapan por unas escaleras que les llevan hasta una estatua sobre la que reposa Barthélémy. Todos juntos, de nuevo, consiguen regresar a la campiña francesa a través de uno de los cuadros que se esponen en uno de los salones del palacio, que actúa como puerta dimensional, abandonando el mundo de las letras y reencontrándose con Héctor y Félicien.

Philémon es rescatado por los jamelgocañones
Portada del álbum "El burro en el atolón" (Fred, 1977)

 El tercer y último volumen del integral contiene el resto de historietas de la serie. "La Mememoria" ("La Mémémoire", 1977) abre el tomo. Philémon sufre un golpe en la cabeza y pierde la memoria, un desastre descomunal, ya que el mundo de las letras solo existe si Philémon lo recuerda, por lo que correría un grave peligro, quedando abocado a su desaparición. Félicien explica a Barthélémy que solo la Mememoria podría ayudar a recuperar los recuerdos de Philémon. Este y Barthélémy son enviados por Félicien hasta la isla de la “O” (de océano), donde habita esta. Sin embargo, Barthélémy pierde de vista a Philémon en la isla y se queda solo. Pronto se cruza un rey con boina que parece haberlo olvidado todo. Con el diálogo entre el naúfrago mantiene con el rey, Fred hace una crítica al rencor que muchas veces nos generan nuestros recuerdos ("Uno es esclavo de sus recuerdos, yo ya no me acuerdo de nada, y es bastante agradable. No tengo malos recuerdos de nada. Todo se borra y todo vuelve a empezar"). Luego, el naúfrago se cruza con un borracho, que bebe para recordar, y que le conduce hasta las secretarias de la Mememoria, que están en huelga, aunque ya no recuerdan por qué (otra referencia más de Fred a la lucha obrera). No tarda en producirse un combate entre unas plantas represivas que brotan del suelo (que hacen las veces de policía) y unos improvisados muñecos de nieve levantados por las manifestantes para plantarles cara.

Las secretarias de la Mememoria se manifiestan sin recordar exáctamente para qué
"La Mememoria" (Fred, 1977)

  Bathélémy y el borracho prosiguen su paseo y se cruzan con un vendedor ambulante de recuerdos ambulantes que viaja sobre un trineo. Este ayuda al naúfrago a contactar con el recuerdo de Philémon. Lamentablemente, el borracho se apropia del mismo recuerdo antes de quedarse dormido, y Barthélémy pasa entonces a vivir en la cabeza del borracho (o, mejor dicho, en el sueño del borracho). Aunque parezca obvio, Barthélémy consigue escapar del sueño del beodo provocando en este una pesadilla espantosa: renunciar a un buen trago de alcohol, que le había ofrecido una enorme botella parlante, y pronunciar la palabra agua. Un cóctel explosivo en la mente de un alcohólico, que termina despertando, liberando al naúfrago. Tras despedirse del vendedor ambulante, Barthélémy llega por fin al reino de la Mememoria. Todo sucede en mitad de una tempestad de nieve, cuando el naúfrago y el borracho comienzan a experimentar una sensación de ingravidez. Barthélémy sube y sube hasta encontrarse con un hombre alado, una especie de ángel, que le recibe en el reino de la Mememoria. Le guiará a través del valle de las lágrimas hasta un acantilado custodiado por unos ángeles payasos, que les gastan un broma de mal gusto. El ángel indica a Barthélémy que ha de tirarse por un precipicio para encontrarse con la Mememoria, pero tras caer al mar, un cocodrilo le explica que en realidad el ángel de las caídas, aquel que le acompañaba, le ha tomado el pelo. Sin embargo, instantes después, Barthélémy se cruza con una barca con forma de cama medieval cuyo remero le confiesa que en su interior se halla la Mememoria, dormida. Al acceder al lecho de esta, Barthélémy queda atónito al descubrir que, quien en realidad duerme, es el propio Philémon. Al despertarle, la tienda-barca resulta comportarse como una nueva puerta dimensional que conduce a ambos de nuevo a la campiña, exactamente al punto de partida de la aventura, pero con un Philémon que, por fin, ha recuperado la memoria.

Barthélémy encuentra por fin a la Mememoria, flotando en una barca
 con forma de tienda - Portada "La Mememoria" (Fred, 1977)

  "El gato de las nueve colas" ("Le chat à neuf queues", 1978) da nombre a la duodécima aventura de la serie. La historia nos presenta a Romeo, un agente teatral de la zona, que se topa con Héctor en mitad del campo. Este le habla de los delirios de su hijo y su extraña capacidad para toparse con todo tipo de monstruos, lo que despierta la curiosidad de Romeo. Pronto llegan al lugar Barthélémy, Philémon y Anatole, y charlan con Romeo sobre la existencia de ese universo paralelo.
 

Romeo se cruza con Héctor al comienzo de "El gato de nueve colas" (Fred, 1978)

  Entonces, inesperadamente, la viñeta en la que Philémon y Romeo se encuentran gira sobre sí misma, y actúa como una puerta dimensional, llevándose a ambos al mundo de las letras. Allí conocen a un monstruo narigudo con la autoestima baja, a quien Romeo intenta animar hablándole de las riquezas y la fama que podría conseguir en nuestro mundo. El autor vuelve a hacernos reflexionar tocando temas morales, la avaricia en este caso, a través del siguiente diálogo que se establece entre el monstruo y Romeo (un cuento viejo, pero cargado de filosofía):

- Monstruo: "¿Pero, para qué me servirá todo ese dinero?"
- Romeo: "Pues para llevar una vida tranquila y sin problemas"
- Monstruo: "Bueno, ya la llevo ahora".

El encuentro con el monstruo narigudo - "El gato de nueve colas" (Fred, 1978)

  No obstante, el monstruo narigudo le habla a Romeo acerca del gato de nueve colas, a quien podría interesar su tentadora propuesta. Barthélémy es entonces enviado al mundo de las letras por Félicien y consigue dar con Romeo y Philémon, intentando persuadirles de que regresen a la campiña, pero Romeo goza como pez en el agua en el mundo de las letras, y no está dispuesto a regresar con las manos vacías. Quiere hacer negocio y llevarse el gato de nueve colas a su mundo, llevarse el gato al agua, en definitiva. Se inicia así un nuevo viaje en busca del gato, durante el cual se toparán con diversos personajes. El primero de ellos resulta ser el Manu-Manu al que salvaron en la isla de los sargentos. La criatura, mucho más envejecida respecto al niño que era cuando se conocieron (lo que demuestra que el tiempo no transcurre de la misma forma en el mundo de las letras), les habla del gato de nueve colas, quien ha reemplazado al entonces sargento de la isla.
 

Portada de "El gato de nueve colas" (Fred, 1978)

  El felino, al parecer, tiene la manía de comerse las uñas (no solo las suyas, sino las de todos cuantos se acercan a él), y siente un voraz apetito por los Manu-Manu. De hecho, se vale de unos cazadores que viajan a bordo de lo que parecen avionetas-tenaza para atrapar a sus víctimas. Estos cazadores no tardan en sobrevolar sus cabezas, capturando a Barthélémy y a Romeo. De pronto, estalla una tormenta y Romeo es devuelto a la campiña, junto a Héctor, y queda fascinado por la experiencia de la que ha sido testigo. Mientras, en el mundo de las letras, Philémon se recoge cerca de una cueva, donde charla con un tubo de pasta dentífrica de cuyo interior sale un cantante con guitarra. Este le explica que fue encerrado en el tubo por los criticacuáticos, que consideraron su nuevo hit una basura. Tras conducirle por unos pasillos laberínticos, que parecen las bambalinas de un teatro, se despide de él. Philémon entonces se topa con la gata de ojos bonitos. La escena y sus chocantes diálogos recuerdan por momentos al encuentro entre Alicia y el gato de Cheshire. La gata invita a Philémon a entrar por alguno de sus ojos para llegar hasta el gato de nueve colas. Philémon lo intenta por el derecho, pero termina cayendo en un mar que resulta ser un acuario con el que juegan unos niños. Al derramar estos el agua del acuario por el suelo, los muchachos reparan en Philémon (en otra escena que parece inspirada en Los viajes de Gulliver), pero este consigue escapar de los muchachos y llegar hasta una sala de cuyo techo cuelgan nueve colas de colores. Al trepar por una de ellas, se cruza con Barthélémy, colgado de otra. Este le advierte de que, en realidad, las maromas no son colas de gato, sino un látigo con el que pensaban azotar a Romeo. Al parecer, a la gente del mundo de las letras no les ha hecho ninguna gracia que alguno de sus habitantes pudiera escapar al mundo real para convertirse en un fenómeno de circo. El latigo termina por sacudirse, y con él a Philémon y a Barthélémy, que acaban de nuevo en la campiña, reuniéndose con Héctor y Romeo (observados todos ellos en la distancia por un pensativo Félicien). Y así termina la aventura del gato de las nueve colas. 
 

Barthélémy y Philémon trepan por las supuestas colas del gato - "El gato de nueve colas" (Fred, 1978)

  El decimotercer álbum de la serie fue "El secreto de Félicien" ("Le secret de Félicien", 1981). La historia comienza con el encuentro entre Félicien y Philémon (con Anatole). Su tío le explica que, cada año, solo una hoja sobrevive al invierno. Se trata de una hoja elegida entre todas las demás, de forma democrática, durante el otoño. Dicha hoja será la que les cuente a las hojas jóvenes que broten durante la primavera siguiente acerca de las estaciones, para después desaparecer y ser reemplazada por una nueva hoja, cerrando el ciclo. Aquel que descubra dicha hoja tan especial, tendrá una buena estación. Tras esta explicación, Félicien le cuenta a Philémon la historia de cómo conoció, siendo joven, el mundo de las letras.

Félicien narra a Philémon cómo descubrió el mundo de las letras
"El secreto de Félicien" (Fred, 1981)

  Fue durante un duro invierno, que parecía haberse vuelto loco. Fue entonces cuando la-hoja-que-puede-sobrevivir-al-invierno de ese año le pidió a Félicien que fuera ofrecida, como sacrificio, al propio invierno, que residía en una de las islas del océano, aunque no precisó en cuál. Félicien llegó entonces, a través de un huracán (que recuerda poderosamente al viaje de Dorothy a Oz) hasta el mundo de las letras, subido en una hoja descomunal (fruto de la fusión de miles de hojas que lo arroparon).

Félicien es llevado por una gigantesca hoja, fusión de muchas hojas pequeñas, y así llegó hasta 
el mundo de las letras - "El secreto de Félicien" (Fred, 1981)

  En la isla, Félicien fue conducido hasta un árbol palacio por unos soldados subidos en unas ramas voladoras. En su camino hasta el árbol, atravesaron el frío del invierno hasta toparse con la primavera, que parecía brotar de los luminosos ojos del faro búho, del que ya hablamos en "El castillo colgado". Es entonces cuando sucede lo inimaginable: ¡Philémon se introduce en la historia que le está contando su propio tío!

Portada de "El secreto de Félicien" (Fred, 1981)

  Se produce, pues, un encuentro entre ambos personajes en un momento en el que Philémon ni tan siquiera había nacido. Tras ser perseguidos por los soldados, que los toman por espías, Philémon y Félicien aparecen a lomos de unas viñetas que muestran el amanecer del sol, en mitad del océano. Ambos habrán de saltar al mar si quieren evitar achicharrarse con el astro rey a su paso por el borde de la viñeta en la que andan subidos.
 

Escena en la que Philémon y Félicien caen al océano para intentar no ser abrasados
por el sol durante el amanecer - "El secreto de Félicien" (Fred, 1981)

  El Félicien joven acaba sentado sobre una roca, meditabundo (no sabemos aún muy bien por qué), mientras Philémon encuentra una puerta dimensional que le transporta, a través de la chimenea, a casa del Félicien del presente. Este prosigue entonces con su historia donde la había dejado: una vez llegaron al árbol palacio, fue conducido hasta el trono del gran timonel, pero al mirarlo por primera vez, se produjo una enorme explosión. Esta deflagración había sido provocada, en realidad, por unos rayos de sol espías, que se habían infiltrado en la sala del gran timonel. Tanto calentaron a los brotes de primavera, que estallaron simultáneamente como palomitas de maíz. El propio Félicien salió volando por los aires, entre los dos soles de aquel mundo, y terminó en el fondo de un mar casi evaporado por los rigores de aquel verano tan caluroso. Hemos llegado al instante en el que el Félicien termina sentado en una roca, de la que hablamos. Entonces aparecieron los  reyes soles, que vinieron en procesión caminando por un océano casi sin agua. Al igual que todos los veranóctonos (nativos del verano), los reyes soles le hablan a Félicien sobre las guerras entre las estaciones. Félicien les explica entonces el motivo de su odisea por el mundo de las letras: portar la hoja-que-debe-sobrevivir-al-invierno, que deberá ofrecer al invierno para que todo el clima vuelva a la normalidad. Y en ese momento descubre que ha perdido la hoja, momento en el que entra en escena el autobús de Febo, una suerte de transporte solar que recoge a todos los soles, para que desaparezcan antes de que anochezca, al ser la noche territorio exclusivo de las reinas lunas del otoño.

El transporte solar se lleva a los reyes soles antes de que anochezca
"El secreto de Félicien" (Fred, 1981) - Plancha original

  Félicien permanece sentado sobre su roca, hasta que cae la noche y se produce un diálogo con una de las reinas lunas de otoño, que parecen rivalizar entre ellas por el protagonismo. Saca aquí Fred a relucir un discurso sobre el colectivismo y sus problemas colaterales ("El que más puso más perdió" y "el que más se agacha, más se le ve el culo", que dice el acerbo popular castellano). Durante el "debate lunar", el invierno comienza a hacer mella en el otoño con su batella particular, y ataca a las reinas lunas en una lucha sin cuartel, azotándolas con una inmensa nevada. Tanta fue la nevada, que todo quedó inundadó con un blanco absoluto. Solo dos lunas de otoño consiguieron sobrevivir al azote del invierno, y desde entonces, ambas se reparten los cuartos (creciente y menguante) sin discutir ni una sola vez.

  En cuanto a Félicien, quedó entumecido y congelado, pero fue rescatado por dos esquiadores, que le llevaron a la residencia de invierno del invierno. Allí encuentra por fin su hoja perdida y, al ofrecérsela al invierno, la hoja echó a volar a su encuentro, rodeando al palacio una y otra vez, mientras emanaba un calor tan alto, que el palacio no pudo resistirlo, y se derritió como solo puede derretirse el invierno en primavera. Luego la niebla se disipó, y Félicien se halló a los pies de un árbol cubierto de hojas jóvenes, que acababan de brotar. Era, por fin, primavera. Tras narrar su relato, tío y sobrino se despidieron, y la aventura llega a su fin.

  La antepenúltima historia del integral, y de la serie, llevó por título "El infierno de los espantapájaros" (L'enfer des épouvantails, 1983). La historia comienza cerca del río, en un momento en el que Barthélémy pesca nada menos que un espantapájaros. Este resulta tener la autoestima por los suelos, ya que, tal como él mismo explica, es incapaz de espantar pájaros, motivo por el que su dueño le arrojó al río.

Barthélémy pesca un espantapájaros en el río - "El infierno de los espantapájaros" (Fred, 1983)

 

  Durante su conversación, unos tipos voladores, con patas de pájaro y tridentes, vienen en busca del espantapájaros, pero lo confunden con Barthélémy, que es llevado hasta una trampilla bajo el cesped. La escotilla conduce a una profunda cámara, y sólo Philémon es capaz de colarse tras ella Acto seguido, la compuerta desaparece y el tío Félicien no consigue encontrarla. El mundo que se esconde tras la trampilla resulta ser una suerte de viñeta tridimensional, en la que Philémon parece atrapado, aunque pronto consigue abandonarla y explorar lo que parece ser el infierno de los espantapájaros.

"El infierno de los espantapájaros" (Fred, 1983)

  Philémon se cruza entonces con un espantapájaros, que le explica que es el día de la gran quema, mientras unos tramoyistas (megaloyistas, según ellos) preparan el escenario para la pira. Nuestro protagonista se cruza con una tigre de papel enrollado que le pide ayuda para recuperar su forma original. El tigre le cuenta que había sido elegido para ser quemado en la hoguera, todo un honor para él, pero finalmente han preferido a un hombrecillo de barba blanca y sombrero puntiagudo, de color verde (obviamente, habla de Barthélémy). Acto seguido, Philémon vuelve a enrollar al tigre y carga con el rollo a sus hombros, hasta llegar a la cámara en la que se ha preparado la pira. Sobre la pira, hay una viñeta de cómic enorme, de papel, con Barthélémy en su interior, atrapado en su bidimensionalidad, listo para ser quemado. Entonces, Philémon desenrolla al tigre y se vale de él para asustar al verdugo, pero este no se amedrenta y le planta cara ante un público expectante. Finalmente, un ave fénix surgida de la hoguera rescata a Philémon y a la viñeta de Barthélémy (enrollada) y los conduce a la única salida posible: la conocida como chimenea del infierno, que resulta ser el cráter de un volcán. El ave fénix los suelta en mitad del océano, donde la viñeta de Barthélémy se convierte entonces en algo parecido a una alfombra voladora, en realidad, una viñeta voladora. En su vuelo a ninguna parte, se cruzan con una verdadera alfombra voladora, conducida por un hombre con atuendo persa que bien podría haber salido de algún cuento de "las mil y una noches". El persa intenta derribarlos, aunque, afortunadamente, su conjuro maléfico transforma su propia alfombra en una tortuga y se precipita junto a ella al océano. La viñeta voladora también sufre daños colaterales por el conjuro del persa, y va perdiendo altura paulatinamente hasta amerizar. La pareja es rescatada por unos piratas que enloquecen de alegría al saber que Barthélémy conoce el paradero de la isla de la "A", ya la isla esconde, según creen, grandes tesoros. Pero Barthélémy no está dispuesto a llevar a los piratas hasta la "A" para que estos saqueen su palacio.

Portada de "El infierno de los espantapájaros" (Fred, 1983)

  En ese momento, aparecen dos personajes que recuerdan poderosamente a Don Quijote y Sancho Panza, montados a lomos de peces enormes. Fred hace su propio homenaje a la novela más famosa del mundo, y el guiño no podía ser más surrealista: Don Quijote confunde el barco de los piratas con un molino de viento, al que intentará derribar a lomos de Heriberto (al que llama, por error, Rocinante). Don Quijote perfora el casco del barco, que termina yéndose a pique. Los piratas escapan en una barca, no sin antes arrojar a Philémon al mar, siendo rescatado por Quijote y Sancho. El grupo se cruza, poco después, con una legión de verdaderos molinos de viento, a los que intentarán derrotar para servir a Dios, borrándolos de la faz del mar. En el momento de la refriega, Philémon sale volando por los aires junto a la viñeta de Barthélémy y juntos planean durante un rato hasta aterrizar en la isla de la "A", donde por fin se reencuentran con Viernes. Este, enmarca la viñeta de Barthélémy como si de un cuadro se tratase, mientras Philémon es absorbido por la trompa de un elefante-aspirador, que funciona como una nueva puerta interdimensional y le conduce a un árbol de la campiña, junto al que se reencuentra con su padre, que aún tiene al espantapájaros en sus brazos. Juntos regresan a casa, cruzándose con tío Félicien en su camino, momento en el que termina la aventura.

Don Quijote y Sancho, a lomos de unos peces gigantes
"El infierno de los espantapájaros" (Fred, 1983)

  "El diablo del pintor" (Le diable du paintre, 1987) es la penúltima historieta de la serie. Comienza con el encuentro nocturno entre Héctor, Philémon y Félicien con un pintor frustrado, en mitad del bosque. El pintor siempre abandona el bosque con el lienzo totalmente en blanco, incapaz de evitar lo inevitable, cual Sísifo: cada día, desde la mañana, se dedica a pintar el paisaje, sus árboles, pero llega un momento en el que el pincel se escapa a su voluntad y el lienzo se va transformando lentamente, desapareciendo los árboles, que son sustituídos por un extraño personaje. que resulta ser la Mona Lisa, quien, tras unos retoques de su pincel, termina convirtiéndose en un retrato de Barthélémy.

El pintor intenta explicar a Héctor y sus compañeros su "eterno retorno" particular
"El diablo del pintor" (Fred, 1987)

  Mientras tanto, en la isla de la "A", Viernes contempla el cuadro en el que se encontraba Barthélémy, que va desapareciendo, mientras es reemplazado precisamente por el retrato de la Mona Lisa, que deviene finalmente en Philémon. Este termina materializándose, como si de una nueva puerta dimensional se tratase, y se reencuentra con el centauro.

Philémon se materializa en el cuadro de Barthélémy ante la atónita mirada del centauro Viernes
"El diablo del pintor" (Fred, 1987)

  Philémon pide al centauro que le siga por la mansión, ya que cree haber visto al pintor frustrado cerca de alllí, pero en su búsqueda, se topan con un personaje que se ha colado en casa de Viernes. Este personaje resulta ser un demonio de tercera categoría, que viene siguiendo la pista igualmente al pintor, y ha llegado a casa de Viernes atraído por el cuadro-retrato de Barthélémy, que cree podría estar relacionado con el pintor frustrado. El pintor es despistado y va dejando rastros de pintura por el suelo de la casa de Viernes (¿homenaje a Pulgarcito?), y esas manchas se van volviendo cada vez más espesas, inundándo la casa de Viernes por una tormenta de colores provocada por el pintor, que casi llega a ahogar incluso al pobre demonio. Este, comenta entonces que había hecho un pacto con el pintor, cuando aún era solo niño, concediéndole el don de saber pintar a cambio de su alma. Sin embargo, nunca llegaron a sellar el pacto con sangre. Cuando el demonio regresó del infierno con la navaja para sellar el pacto, el niño ya había desaparecido,

Las manchas del pintor se vuelven cada vez más espesas.
"El diablo del pintor" (Fred, 1987)

   Así, no ha dejado de seguirle durante treinta años intentando atraparle para firmar el pacto. De no hacerlo, podría ser castigado por el mismo Satanás con la expulsión del infierno al paraíso. Poco después de explicar esto, el pintor retrata al demonio en su lienzo en casa de Viernes, apareciendo igualmente en el cuadro que el pintor pinta en la campiña. Esto provoca un efecto colateral: Barthélémy se materializa físicamente en casa de Viernes, mientras Philémon, por su parte, utiliza el bastón que se olvidó el demonio para liberarle de su cautiverio. En este proceso se genera una enorme deflagración que arrastra a Philémon y a Barthélémy al océano de nuevo. Esta vez se trata de un océano de pintura, que habita en el propio lienzo del pintor. El demonio, aún en el cuadro, se despide entonces de nuestros amigos, que son rescatados del océano de color por una nube, bueno, en realidad, por la imagen de una nube vista por un pintor, ya que siguen atrapados en el lienzo. Philémon y Barthélémy se ocultan de la mirada del pintor entrando por una gruta, entre las nubes de colores del cuadro, donde se reencuentran con el demonio, y al que por fin pueden devolver su bastón.

Escena en la que Philémon y Barthélémy se hallan atrapados en el cuadro del pintor
y descienden hasta la gruta en la que se reencuentran con el demonio
"El diablo del pintor" (Fred, 1987) - Plancha nº 37 - Original en tinta china

  Mientras charlan, se cruza cerca de ellos el pintor, ahora con aspecto de niño, totalmente azul. El demonio intenta que firme por fin el contrato, sin embargo, tratándose solo de un retrato suyo hecho por el pintor, y además en color azul (propio de los disidentes), tiene poco que hacer. El demonio intenta engatusar al muchacho para que firme el contrato a cambio de su alma, ofreciéndole enseñarle a pintar bien, como hiciera con el pintor original (el que pintó al niño), pero el chaval no necesita aprender a pintar. De hecho, les hace una demostración de sus capacidades artísticas pintando al mismísimo diablo, lo que deja fuera de combate al demonio de tercera. El diablo, Satanás, se materializa entonces y sale del cuadro pintado por el niño, abroncando a su subordinado, amenazándole con expulsarle al paraíso, aunque finalmente se lo lleva al infierno para darle unas clases de formación rápida para diablillos. Satanás intenta capturar las almas de Philémon y Barthélémy en un alarde de orgullo y demostración de poder, pero cuando Barthélémy repara en que también es de color azul, provoca la risa en el diablillo y ambos demonios se enzarzan en una pelea, permitiendo a nuestros amigos regresar a su mundo a través del lienzo del muchacho, quien, al retratarles, les traslada al lienzo del pintor original (en realidad él mismo, pero más mayor), de nuevo en la campiña, reuniéndose con Héctor y Félicien. Abandonan entonces al pintor, que queda en el mismo lugar donde lo encontraron, donde se encuentra con el demonio de tercera, cerrando así el bucle. Termina entonces la aventura, que será la última de la serie durante los siguientes veinticinco años.

El mismísimo satanás emerge del cuadro, ante su subordinado
Portada de "El diablo del pintor" (Fred, 1987)

 Tuvo que transcurrir, como decíamos, un cuarto de siglo, hasta que Fred terminase su grandísima obra. Marie-Ange Guillaume, guionista francesa que también trabajó en Pilote y conocía a Fred, explica que el autor pasó una buena temporada entre hospitales y problemas de salud, aquejado del corazón, algo que le crispaba mucho, ya que el autor quería terminar el álbum que cerraba el círculo: "El tren en el que viajan las cosas" (Le train oú vont les choses, 2013). La historia se había anunciado en el festival de Angoulême de 2012, donde el propio Fred había comunicado que el álbum aparecería pronto. Fue un tiempo de gran expectación, ya que se trataba de la última historieta de Philémon, pues el dibujante era consciente de que su muerte estaba cerca. Finalmente el álbum vio por fin la luz, y, paradójicamente, su final, ya que quedó cerrada para siempre en ese fatídico 2013 en el que también nos dejó Fred.  Había terminado, por fin, su obra de la mejor forma posible: volviendo al principio, como veremos.

  En la aventura, Philémon, y luego Barthélémy, se topan con Joaquín Gruñón (nieto de Zacarías Gruñón), un conductor de tren que busca un lokoconpatas, una especie de hipopótamo que echa humo, una criatura con forma de locomotora, pero con patas. El grupo localiza al animal hundiéndose en el pantano, así que intentan rescatarlo. Philémon busca cuerdas en su casa, atrayendo con él a su padre, que le sigue de cerca. Aunque este se entretiene por el camino con Jojo, un fantasma de guardia rural que se encuentra de camino al pantano. Choca aquíi que un tipo tan incrédulo como Héctor, pueda charlar tranquilamente con un fantasma. Pero ya sabemos que, en el mundo de Philémon, todo puede suceder.

La Lokompatas consigue salir por sí sola del pantano
"El tren en el que viajan las cosas" (Fred, 2013)

  Cuando Philémon llega al pantano, se encuentra a Barthélémy y al conductor de tren calentándose en una hoguera, muy cerca de la lokompatas, que ha conseguido salir por sí sola del pantano. La criatura no se mueve con combustible, ni con alimento, sino con la imaginación. Ella es la que tira del tren en el que viajan las cosas, como le explica su tío Félicien, con quien se habían encontrado poco después. Al parecer, la criatura se extravió por un despiste del maquinista, que se quedó dormido al volante y se salió del túnel imaginario, que es el que alimenta la imaginación de la lokompatas. Félicien les ayuda a encontrar de nuevo el túnel imaginario para reemprender el rumbo. Tal como les recuerda, basta con imaginárselo. El conductor explica entonces que la lokompatas puede viajar a cualquier lugar que uno pueda imaginar, así que  Barthélémy propone regresar a la isla de la "A". Juntos, Philémon, Barthélémy y el propio conductor, iniciarán el viaje de regreso a la isla, que empezará por penetrar en el túnel imaginario. Tras cruzar la entrada, se topan con una enorme tela de araña que ha tejido la araña de la noche exterior. Pronto les cae una lluvia de relojes y péndulos, aunque, afortunadamente, la araña de la mañana les ayuda a pasar página y salir del paso.

La Lokompatas atraviesa una tela de araña tejida por la araña de
la noche exterior. - "El tren en el que viajan las cosas" (Fred, 2013)
  Nuestros amigos prosiguen su camino, alimentando a la lokompatas con ideas acerca de los Manu-Manu, y llegan hasta una iglesia. Entonces, de imaginar cosas y consiguen hacer que el túnel imaginario se esfume. Han llegado por fin a la isla de la "A", donde continúan su periplo en el maravilloso mundo de los dos soles, alimentando siempre a la lokompatas con una historia, que no es otra que la del naúfrago de la "A", que es el broche perfecto con el Fred pudo por fin terminar su obra. Nos dejaba a sus 82 años, junto a Philémon, para siempre. Bueno, en realidad no, ya que la obra y su autor permanecerán siempre en nuestros corazones.

La Lokompatas, tras salir del pantano
Portada "El tren en el que viajan las cosas" (Fred, 2013)


Álbumes de Philémon (orden cronológico):

De Philémon se han publicado dieciséis álbumes que contienen las siguientes historias:

- Al pie de la letra (1965-66 - contiene dos historias: "El misterio del claro de los tres búhos" y una segunda historieta cuyo título no se menciona, "Par le petit bout de la lorgnette", en el original)
- El naúifrago de la "A" (1968)
- El piano salvaje (1968)
- El castillo colgado (1969)
- El viaje del incrédulo (1969-70)
- Simbabbad de Batbad (1974)
- La isla de los sargentos (1975)
- La hora de la segunda "T" (1975)
- El arca de la "A" (1976)
- El burro en el atolón (1977)
- La Mememoria (1977)
- El gato de nueve colas (1978)
- El secreto de Fèlicien (1981)
- El infierno de los espantapájaros (1983)
- El diablo del pintor (1987)
- El tren en el que viajan las cosas (2013)

Además, se publicaron ocho historietas cortas publicadas en Super Pilote Pocket (nºs 2-9, 1968-70).  Existen al menos tres historias breves nunca recogidas en álbum, tituladas "Blurp!", "Trois petits tours" y "Une histoire pour passer le temps".

 La siguiente imagen muestra una relación de personajes, islas, criaturas, etc... que aparecen en las historietas de Philémon. No están todos, pero ayuda significativamente a entender o recordar muchos de los lugares visitados, y especialmente con qué se corresponde cada letra del mundo de las letras:
 

Relación de personajes, islas y otras criaturas y artefactos que aparecen en las aventuras

 

Ilustración publicada en Pilote (Diciembre, 2018)
- En el centro aparece Philémon, junto a su padre, Fred -




 

“Lo que son capaces de hacer los hombres..."
"Pues sí, pero algún día se cargarán el mundo con sus inventos".

(Philémon - Al pie de la letra)

Autor:

- Alfredo Sánchez Esteban


Fuentes:

https://llegim.ara.cat/llegim/surrealisme-meravella-philemon-fred_1_1499240.html
https://www.toon-books.com/uploads/1/2/5/6/12564774/cc.lp.fred2.pdf
https://www.ecccomics.com/comic/philemon-integral-01-de-3-2448.aspx
http://www.reservademana.com/2016/10/resena-philemon-integral-1-de-fred.html
https://www.tebeosfera.com/sagas/philemon_1965_fred.html
https://www.lacarceldepapel.com/2005/08/17/mis-tebeos-favoritos-vii/
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