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año 59 de la era ibañez


capítulo 3 - de los primeros pasos a la consagración

  
   Poco a poco, Mortadelo y Filemón, agencia de información fue ganando espacio en las distintas revistas del catálogo Bruguera; al principio (en 1962) apareciendo simultáneamente en otra revista de la casa, Tio Vivo, algo muy poco frecuente en la época y, posteriormente, ocupando la doble página central de Pulgarcito. Ibañez demostró en su genial creación que sabía sacar partido de cualquier situación cómica, huyendo más allá de la simple anécdota argumental con el clásico gag final (habitual en las cabeceras de Bruguera) para generar un gag prácticamente por viñeta, lo que convertía la lectura de la serie en un ejercicio de humor desmadrado muy en la línea de los clásicos slapstick del cine cómico mudo, desde Charlot a Buster Keaton, pasando por Oliver y Hardy o Harold Lloyd. Ibáñez confió más que la mayoría de sus predecesores en el humor físico, en la impronta visual del gag, en el movimiento continuado de los personajes que se expresaban de forma gestual creando un estilo que, a la postre, daría origen al mito y que posteriormente podría haber animado al productor Rafael Vara a interesarse por realizar el piloto de una versión animada de los personajes que, tras el éxito en el Festival de Gijón (premio Platero de Plata, 1967), se convirtiría en una serie que sería exhibida en cines desde finales de los años sesenta.

Stan Laurel y Oliver Hardy ("El gordo y el flaco"),
fuente de inspiración de Ibáñez


Harold Lloyd en Crazy Movie (1932)
La escena podría haber inspirado a Ibáñez al crear el
gag que introduce la aventura "Valor... ¡y al toro!"
 

   1962 marca un punto de inflexión en la carrera de Ibáñez. En los cuatro años que lleva en la editorial, ha conseguido afianzarse gracias a su capacidad de trabajo. Este año resulta especialmente relevante desde el punto de vista estilístico. A finales de ese año Ibáñez comienza a adaptar gags de su admirado Franquín procedentes, entre otras, de su serie Gaston Lagaffe, que en ocasiones son una traslación literal de la historieta y en otras una inspiración. Para comprobarlo, baste con echar un vistazo a la sección "La influencia francobelga en Ibáñez" en la que tratamos todo este tema en profundidad.


Gag 265 de Tomás el Gafe" (Franquin)
Viñeta del Tio Vivo nº 158 (F. Ibáñez, 1963)

 
  A partir de 1969, los personajes protagonizarán sus primeras aventuras largas, seriadas inicialmente en Gran Pulgarcito, en el intento de Bruguera por ofrecer una revista más cuidada y “europea”, tomando como modelo el Pilote francés. Es entonces cuando los detectives privados abandonan su agencia de investigación privada e ingresan como agentes secretos en la caótica T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), una clara parodia de la C.I.A. A la hora de crear el nombre de la agencia Ibáñez podría haberse inspirado en una serie que Emili Boix había dibujado para el semanario Chicos en 1946: "Espeluznantes aventuras de la Agencia I.D.I.O.T.A." (Informes de Investigaciones Oceánicas Terrestres Aeronáuticas).

Espeluznantes aventuras de la agencia I.D.I.O.T.A.
- Informes de Investigaciones Oceánicas Terrestres Aeronaúticas -

(Emili Boix, Semanario Chicos, 1946)


   Las aventuras de los personajes ganarán tras el cambio una mayor capacidad argumental al desarrollarse sus aventuras a lo largo de 44 páginas. El Sulfato Atómico será la aventura que inaugure, al año siguiente, la nueva colección de álbumes Ases del Humor, consagrada a las historietas de la pareja en un formato novedoso en nuestro país, pero ya habitual en la vieja Europa.  En ella Ibáñez demuestra la plenitud de sus facultades gráficas, evolucionando a un trazo más expresivo y detallado, y añadiendo el elenco protagonista de dos personajes más cuya presencia en la serie será desde entonces estable: el Superintendente Vicente, director de la T.I.A. y víctima propiciatoria de muchos de los descalabros de la ineficacia de sus agentes, y el profesor Bacterio, un científico de mente iluminada capaz de crear los más disparatados inventos, que, unos por útiles y otros por inservibles, cobrarańa un notable protagonismo en la serie. Ibáñez sintió la necesidad de incorporar a la serie estos personajes "fijos" para que pudieran facilitar una dinámica más enriquecedora a las acciones de sus protagonistas.

Primera aparición del Superintentende Vicente y el Profesor Bacterio
(El Sulfato Atómico, 1970)


   La popularidad de agentes secretos como James Bond (el agente 007), Maxwell Smart (el Superagente 86) o "El agente Flint" pudo haber motivado el cambio de agencia ejecutado por Ibáñez. James Bond había sido presentado al público en 1953 en la novela de Ian Fleming "Casino Royale" y en menos de una década había saltado ya a la gran pantalla encarnado por Sean Connery, en 1962. En el nuevo contexto de la T.I.A. surgirán continuas referencias a las películas de agentes secretos: el ‘zapatófono’ de Mortadelo estaba tomado de la serie televisiva Get Smart! (El Superagente 86).


Mortadelo y su "zapatófono", claramente inspirado
en la serie de televisión "El Superagente 86"


James Coburn encarnó a
"Flint, Agente Secreto" (1966)
 

   Existía incluso una equivalencia entre los personajes de la T.I.A. y los de la serie 007: el Súper parodiaba a M, director del Servicio Secreto Británico; el Profesor Bacterio a Q, el científico de la organización que equipaba a James Bond, inventor de multitud de artilugios para combatir el mal; Mortadelo y Filemón se convertían en un trasunto de James Bond; y Ofelia (personaje posterior, como veremos), enamorada de Mortadelo, caricaturizaba a Moneypenny, la secretaria de M, secretamente enamorada de Bond. Otras referencias a las películas de espionaje eran las insólitas entradas secretas que Mortadelo y Filemón debían utilizar para acceder a las instalaciones de la T.I.A., las absurdas contraseñas secretas que empleaba la organización, los sistemas que los agentes utilizaban para comunicarse con el Súper o los mensajes que se autodestruían, tomados de la serie televisiva Misión Imposible.
 

Sean Connery encarnó al agente James Bond durante casi una década


   En el mundo de la historieta John McLusky había adaptado las novelas de Flemming desde 1957 y a partir de 1964 Bond había derivado a argumentos originales tratados por el guionista Jim Lawrence y el ilustrador Larry Horak. Estos cómics británicos estaban en su apogeo en los años 60, en los que las películas del agente secreto impusieron toda una moda que alcanzaba también a la edición nacional de tebeos.

Viñeta de James Bond ilustrada por el británico John McLusky


Tira de James Bond ilustrada por Larry Horak


   En España ya habían aparecido también otros personajes como "Anacleto, agente secreto" (1967, Manuel Vázquez) y "El agente 0077" (Francisco Torá, 1963), ambos en Bruguera, además de "77-0 a la izquierda" (Arturo Rojas de la Cámara, Editorial Valenciana). Anacleto se convertirá en uno de los mayores referentes en la metamorfosis de la serie de Ibáñez llegando a ser numerosos los elementos comunes entre ambas series:



Tiras de "Anacleto, agente secreto" y "Agente 0077"
 
  
Incluso Ibáñez llegó a crear una historieta  en junio de 1966 titulada "La verdadera historia de James Bond".

 

"La verdadera historia de James Bond"
(Francisco Ibáñez, VI/1966)

 
  En todo caso, y volviendo al tema que nos ocupa, Ibáñez sabrá abordar con solvencia el nuevo escenario que se le planteaba (aventuras de 44 páginas) a pesar de que se trataba de una experiencia insólita hasta ese momento para él -jamás hasta entonces había realizado historietas de más de 4 o 6 páginas-. El dibujante supo concebir un argumento de fondo que hilara las peripecias y los contínuos gags de la pareja protagonista, aportando elementos que facilitaran el avance de la acción lidiando al mismo tiempo con una problemática añadida: al primar el concepto de publicación en fomato revista, se imponía un ritmo de lectura tal que, cada cuatro páginas, debía aparecer suficiente información como para satisfacer la curiosidad del lector. Al mismo tiempo, pensando en la lectura unitaria y continuada de toda la aventura, no podían perderse los referentes que daban sentido a la historia, y ahí es donde Ibañez, poco a poco, consiguió solucionar con brillantez el envite. A este nivel, llama la atención la estructura capitular de Contra el "gang" del Chicharrón, donde el autor dedicó cada capítulo a uno de los diversos personajes de la banda, componiendo un mosaico final muy coherente. Sin duda, fueron estas primeras aventuras largas las que reforzarán el éxito de los agentes de la T.I.A., sentando los cimientos de un mito todavía en activo que ha sabido adaptarse a los tiempos y han convertido a Mortadelo y Filemón en los personajes vivos más importantes del cómic español.

Primer episodio de la aventura "Contra el 'gang' del Chicharrón"
(Francisco Ibáñez, 1969)
 
   La década de 1970 supondrá la consagración definitiva de los personajes con el asentamiento de las historias largas serializadas.  Es una etapa de expansión a gran escala, tanto en otros mercados como en el propio, masificando la producción para que en todas y cada una de las revistas Bruguera apareciesen historietas de la pareja. Para ello se recurre, por un lado a la asignación de ayudantes en los episodios firmados por Ibáñez, y por otro a la realización de historias cortas con un equipo de guionistas y dibujantes, mientras se multiplican las cabeceras de la editorial complementando o sustituyendo a otras colecciones ya mencionadas (Pulgarcito, Tio Vivo o Gran Pulgarcito). Aparecerán así, a partir de 1970, cabeceras como Mortadelo (fundada tras la desaparición de Gran Pulgarcito), Súper Pulgarcito (1971), Súper Mortadelo (1972), Mortadelo Gigante (1974) o Mortadelo Especial (1975) e incluso la Colección Olé (1971) que ofrecía selecciones de historietas cortas de los principales personajes de la casa Bruguera, con especial atención a los de Ibáñez, a los que se dedicó más de la mitad de la colección.


Algunas de las mencionadas cabeceras. A la izquierda la que sería la 1ª
portada de Mortadelo y Filemón y que marcaría un antes y un después en la serie.
  
   Y es precisamente en el almanaque de la revista Gran Pulgarcito publicado en 1970 donde se publica la aventura "La verdadera historia de Mortadelo y Filemón" en la que Ibáñez explica (en sólo 6 páginas) los inicios de Mortadelo y Filemón, cómo se conocieron y cómo se hicieron agentes secretos hasta su ingreso en la T.I.A., amén de otros asuntos como la razón por la que Mortadelo perdió todo su cabello por culpa de una loción ideada por el Profesor Bacterio. No obstante, Ibáñez nunca fue demasiado cuidadoso a la hora de dar uniformidad o coherencia a sus historias, hasta el punto de que la mencionada aventura presenta algunas incoherencias con otra aventura posterior ("Su vida privada", 1992) en la que Ibáñez retomaba el tema de la vida privada de los agentes. Algunos detalles como el lugar de nacimiento de Mortadelo, el cómo se conocieron los agentes, o incluso el aspecto de sus padres difiere entre una y otra aventura.


Varias viñetas extraídas de "La verdadera historia de Mortadelo y Filemón"
 
   Las aventuras seriadas ampliarán el universo de la serie con nuevos personajes (además de los ya mencionados Súper y Bacterio). En 1978 se publica la aventura "Los Gamberros". En ella Ibáñez introduce en la serie a la señorita Ofelia, una mujer grande y oronda de pelo rubio y rizado y permanentemente enamorada de Mortadelo, que hará las veces de secretaria del superintendente Vicente. Poco a poco irá apareciendo también todo un elenco de agentes secundarios que arroparán a los dos detectives en el marco de sus nuevas aventuras.


La "dulce" Ofelia caricaturizaba a Moneypenny, la secretaria de M,
secretamente enamorada de Bond.

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